Taurina: mucho más que un ingrediente de bebidas energéticas

La taurina no es solo lo que le da fama a las bebidas energéticas. Te explicamos su papel real en el cuerpo y la controversia científica más reciente sobre su relación con el envejecimiento.

Taurina: mucho más que un ingrediente de bebidas energéticas

Taurina: mucho más que un ingrediente de las bebidas energéticas

Descripción general

Para la mayoría de las personas, la taurina es simplemente esa palabra en la etiqueta de las bebidas energéticas, generalmente asociada (de forma incorrecta) con la cafeína o con algún origen animal exótico. En realidad, la taurina es uno de los compuestos más abundantes en el cuerpo humano, presente en concentraciones especialmente altas en el corazón, el cerebro, la retina y el músculo esquelético, con funciones que van mucho más allá de cualquier efecto estimulante —de hecho, la taurina no es estimulante en absoluto; ni siquiera es técnicamente cafeína ni se comporta como tal.

Esta ficha explora qué hace realmente la taurina en el cuerpo, qué evidencia respalda sus usos más estudiados —presión arterial y rendimiento deportivo—, y una de las controversias científicas más interesantes y recientes en el mundo de la investigación sobre el envejecimiento, en la que la taurina fue, literalmente, la protagonista.

Composición y mecanismo: un compuesto con trabajo de tiempo completo

Técnicamente, la taurina no es un aminoácido en el sentido estricto (no se incorpora a las proteínas), sino un ácido sulfónico derivado de la cisteína, clasificado como "semiesencial" o "condicionalmente esencial": el cuerpo puede producirlo, pero en ciertas condiciones (recién nacidos, dietas muy restrictivas, algunas enfermedades) la producción propia puede no ser suficiente.

Sus funciones documentadas son notablemente diversas:

  • Regulación osmótica: ayuda a controlar el volumen celular, especialmente relevante en el corazón, el músculo y el cerebro.

  • Conjugación de ácidos biliares: participa en la digestión de grasas al formar parte de las sales biliares.

  • Regulación del calcio intracelular: particularmente importante en las células del músculo cardiaco y esquelético, donde influye en la contracción muscular.

  • Función antioxidante: contribuye a la defensa celular contra el estrés oxidativo.

  • Desarrollo y función de la retina: es esencial para la salud ocular; su deficiencia severa puede causar degeneración retiniana, documentada inicialmente en gatos alimentados con dietas deficientes en taurina, lo que llevó a que hoy sea un aditivo obligatorio en los alimentos comerciales para gatos.

Esta amplitud de funciones es la razón real por la que la taurina interesa a la ciencia mucho más allá del mundo de las bebidas energéticas, donde se incluye en dosis relativamente bajas (alrededor de 1 g por lata) que tienen poco que ver con las dosis estudiadas para sus efectos específicos sobre la salud.

La gran controversia reciente: ¿la taurina y el envejecimiento?

Aquí está el capítulo más interesante y menos conocido sobre la taurina, y vale la pena contarlo completo porque es un ejemplo excelente de cómo funciona —y se autocorrige— la ciencia en tiempo real.

En junio de 2023, un estudio publicado en la revista Science encontró que las concentraciones de taurina en sangre disminuían con la edad en ratones, monos y humanos, y que restaurar esos niveles mediante suplementación aumentó la esperanza de vida saludable en gusanos y ratones, y mejoró marcadores de salud en monos, incluyendo reducción de senescencia celular, protección contra el daño al ADN, y mejor función mitocondrial. El estudio, extenso y publicado en una de las revistas científicas más prestigiosas del mundo, generó enorme entusiasmo y posicionó a la taurina como una de las moléculas más prometedoras en la investigación sobre longevidad.

Pero en junio de 2025 —casi exactamente dos años después, y en la misma revista— un equipo de investigadores del Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de Estados Unidos publicó un estudio que puso en duda la pieza central de esa historia: al medir taurina de forma longitudinal (siguiendo a las mismas personas y animales a lo largo del tiempo, no solo comparando grupos de distinta edad en un momento puntual) en tres cohortes humanas geográficamente distintas, además de monos y ratones, encontraron que las concentraciones de taurina circulante aumentaron o se mantuvieron sin cambios con la edad, no disminuyeron. Además, no encontraron una asociación consistente entre los niveles de taurina y los resultados de salud relacionados con la edad entre las distintas poblaciones estudiadas.

La conclusión de este segundo grupo de investigadores fue clara: los cambios en la taurina circulante no parecen ser una característica universal del envejecimiento, y sus efectos probablemente dependen mucho del contexto individual y temporal de cada persona —una conclusión bastante más cautelosa que el titular que generó el estudio de 2023.

Nota de calibración: ninguno de los dos estudios está "equivocado" de forma simple; ambos son trabajos serios, publicados en la misma revista de altísimo nivel, usando metodologías distintas (el segundo con seguimiento longitudinal, considerado generalmente más robusto para estudiar cambios a lo largo del tiempo que las comparaciones puntuales entre grupos de edad distinta). Lo que sí queda claro es que la afirmación popularizada de "la taurina baja con la edad y suplementarla revierte el envejecimiento" es, con la evidencia humana disponible hasta ahora, considerablemente menos sólida de lo que sugirió el entusiasmo inicial de 2023. Ni el estudio original ni la réplica posterior descartan que la suplementación con taurina pueda tener beneficios de salud en personas específicas con niveles bajos, pero la idea de la taurina como "biomarcador universal del envejecimiento" está, con la evidencia más reciente, en duda seria.

Beneficios respaldados por evidencia (más allá del debate sobre longevidad)

Evidencia moderada: Para la presión arterial, un metaanálisis de 7 estudios con 103 participantes de distintas edades y estados de salud encontró que la ingesta oral de taurina redujo tanto la presión sistólica como la diastólica de forma estadísticamente significativa, con una reducción promedio de aproximadamente 3 mmHg en ambas, sin eventos adversos reportados, en dosis de 1 a 6 g al día durante periodos de un día hasta 12 semanas. Es un efecto modesto pero clínicamente relevante si se sostiene en el tiempo.

Evidencia moderada, aunque con resultados mixtos entre metaanálisis: Sobre el rendimiento deportivo, un metaanálisis centrado específicamente en resistencia (endurance) encontró una mejora significativa del rendimiento con la ingesta de taurina, en dosis de 1 a 6 g, sin diferencia clara entre suplementación aguda (una sola dosis) o crónica (varios días). Sin embargo, un metaanálisis posterior, con criterios de inclusión distintos, no encontró un efecto significativo sobre el VO2 máximo ni sobre la percepción subjetiva de esfuerzo comparado con placebo. Esta discrepancia entre metaanálisis sugiere que el efecto de la taurina sobre el rendimiento depende considerablemente del tipo de ejercicio y la medida específica evaluada, más que ser un beneficio uniforme y garantizado.

Lo que NO está suficientemente respaldado: que la taurina "revierta el envejecimiento" en humanos, dado que la evidencia más reciente y metodológicamente más robusta cuestiona incluso la premisa básica de que sus niveles bajen con la edad; que las dosis de taurina presentes en bebidas energéticas comerciales (~1 g) repliquen los efectos estudiados en los ensayos clínicos, que suelen usar dosis similares o mayores pero de taurina aislada, sin el resto de ingredientes (cafeína, azúcar) típicos de esas bebidas; o que la taurina mejore el rendimiento deportivo de forma consistente en cualquier tipo de ejercicio.

Formas y dosis recomendadas

Objetivo

Dosis usada en estudios

Presión arterial

1-6 g al día, desde 1 día hasta 12 semanas

Rendimiento en resistencia

1-6 g, dosis única (aguda) o repetida (crónica), sin diferencia clara entre ambas estrategias

Seguridad e interacciones

La taurina cuenta con un perfil de seguridad favorable en las dosis estudiadas, sin eventos adversos relevantes reportados en los ensayos clínicos revisados en esta ficha. Personas con enfermedad renal deben tener precaución y consultar con su médico, dado que los riñones son los principales responsables de eliminar el exceso de taurina. No se han documentado interacciones farmacológicas mayores con medicamentos de uso común, aunque, como con cualquier suplemento, se recomienda informar a tu médico si tomas medicación regular antes de iniciar una suplementación sostenida.

Contexto histórico

La taurina fue aislada por primera vez en 1827 a partir de bilis de buey (de ahí su nombre, derivado del latín taurus), por los científicos alemanes Friedrich Tiedemann y Leopold Gmelin, mucho antes de que se comprendiera su papel biológico real. Su incorporación a las bebidas energéticas comerciales, popularizada a partir de la década de 1960 en Japón y posteriormente extendida globalmente, se basó en investigación preliminar sobre su papel en la función cardiaca y muscular, aunque las dosis presentes en estas bebidas son considerablemente menores que las usadas en los ensayos clínicos revisados en esta ficha, y su efecto percibido de "energía" probablemente se debe principalmente a la cafeína y el azúcar con los que casi siempre se combina, no a la taurina en sí misma.

Conclusión

La taurina es un compuesto con funciones biológicas genuinamente diversas —regulación del calcio en el corazón y el músculo, función antioxidante, salud retiniana, entre otras— que van mucho más allá de su reputación como ingrediente de bebidas energéticas. Su evidencia más sólida corresponde a un efecto modesto pero real sobre la presión arterial; su papel en el rendimiento deportivo es más incierto, con metaanálisis que no siempre coinciden entre sí. El capítulo más fascinante y honesto de toda esta historia es el más reciente: la hipótesis de que la taurina disminuye con la edad y que suplementarla podría frenar el envejecimiento, que generó enorme entusiasmo en 2023, fue seriamente cuestionada por un estudio igualmente riguroso publicado apenas dos años después en la misma revista.

Esto no significa que la taurina carezca de valor —sus beneficios sobre la presión arterial están razonablemente bien documentados—, sino que vale la pena mantener el mismo escepticismo saludable ante cualquier suplemento que promete demasiado basado en un solo estudio, por prestigioso que sea, hasta que la evidencia se replique de forma consistente.

Referencias

  1. Singh P, Gollapalli K, Mangiola S, Schranner D, Yusuf MA, Chamoli M, et al. (2023). Taurine deficiency as a driver of aging. Science, 380(6649), eabn9257. DOI: 10.1126/science.abn9257

  2. Fernandez ME, Bernier M, Price NL, Camandola S, Aon MA, Vaughan K, Mattison JA, Preston JD, Jones DP, Tanaka T, Tian Q, González-Freire M, Ferrucci L, de Cabo R. (2025). Is taurine an aging biomarker? Science, 388(6751), eadl2116. DOI: 10.1126/science.adl2116

  3. Waldron M, Patterson SD, Tallent J, Jeffries O. (2018). The effects of an oral taurine dose and supplementation period on endurance exercise performance in humans: a meta-analysis. Sports Medicine, 48(5), 1247-1253. DOI: 10.1007/s40279-018-0896-2

  4. Waldron M, Patterson SD, Tallent J, Jeffries O. (2018). The effects of oral taurine on resting blood pressure in humans: a meta-analysis. Current Hypertension Reports, 20(9), 81. DOI: 10.1007/s11906-018-0881-z

Consulta a un profesional de la salud antes de iniciar cualquier suplemento. La información proporcionada no pretende diagnosticar, tratar ni prevenir ninguna enfermedad.

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